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Playa de San Román.

 Acceso a la playa de San Román sobre el sistema dunar.

(c) Antonio Herrera. 2020.

La isla de Coelleira

El viento agita los helechos en el mirador de Coelleira. Éste es el punto continental más cercano desde el que se puede divisar la isla.

En la ruta de la Costa de O Vicedo.

Un nuevo lugar de peregrinación.

Conocida como O Fuciño do Porco, la punta de Socastro, ha pasado de ser un lugar prácticamente desconocido a ser un paraje visitado por multitudes. La causa, una información y una fotografía del  publicada en la Voz de Galicia de una senda trazada para facilitar el mantenimiento de la baliza marítima ubicada en la punta y una pasarela de madera construida sobre los acantilados hará unos tres años.

El sendero azul de O Fuciño do Porco, que lleva hasta la baliza de la punta de Socastro.
No es la senda más vertiginosa ni los acantilados más espectaculares, tampoco las vistas son las más fotogénicas de la Mariña, pero lo que llama poderosamente la atención y que sin duda constituye el atractivo del lugar es la barandilla que acompaña al camino, que serpentea adaptándose al relieve del acantilado. Sin ella el camino se difuminaría entre las rocas y la vegetación sin poder apreciarse el modo en el que la senda salva zigzagueando la pendiente.

Habiendo despertado el interés de millones de internautas de todo el mundo por su difusión en las redes sociales, los que conocen el lugar temen que le ocurra como a otros lugares famosos, que se conviertan en puntos de peregrinaje turístico, masificándose y perdiendo parte de su encanto.

Sexagésimo aniversario de una tragedia.

El pasado 5 de agosto de 2017 se cumplían sesenta años del naufragio del Drácula, un balandro al que un golpe de mar hizo volcar frente a estas costas. Fallecieron cuatro de sus ocho ocupantes, y en su memoria se eleva una cruz de granito de más de cinco metros sobre los acantilados de la playa de San Román.

Cruz de San Román.

Los nombres de los fallecidos son los que están inscritos, los veraneantes Marisa y Manolo Vidal Martín (hermanos), José Antonio García Valcárcel y el marinero de Covas Celestino Pérez Polo. En la base de la cruz se ruega una oración por su alma.

Con motivo del triste aniversario, La Voz de Galicia publicó el pasado 6 de agosto de 2017 un artículo con el titular Aún sobreviven naúfragos de la tragedia que recuerda la gran cruz de San Román, en el que una de las supervivientes Pilar Jiménez, que en aquel entonces contaba con 17 años, narra lo que ocurrió aquel fatídico día, cómo consiguieron salvarse ella y su amiga Carmen García (hermana de José Antonio), así como la búsqueda del balandro y del resto de sus ocupantes.


En la Playa del Caolín.

Hoy son los bañistas los que disfrutan de los arenales de la Mariña, siendo el turismo una de las principales fuentes de riqueza de la comarca. Pero antaño en sus entornos prosperaban otro tipo de industria, las salazones.

Ruinas de la factoría de salazones en la playa del Caolín de O Vicedo.

En la playa del Caolín de O Vicedo quedan vestigios de esta actividad. Sobre el cantil quedan las ruinas de una de las factorías en las que se preservaba el pescado en salazón. Un cartel informativo al lado de la rampa que baja a la playa nos habla de cómo se realizaba este proceso.

"La aparición de la industria de la salazón se remota a finales del siglo XVIII pero se consolida en el XIX y se mantiene con cierta importancia hasta el primer tercio del siglo XX. En Galicia, el principal pescado preservado en salazón fue la sardina y su actividad productiva se limitaba al periodo entre junio y enero aproximadamente.

El gran desarrollo de esta industria estuvo ligado a la llegada de los fomentadores catalanes a finales del siglo XVIII. Además, la mayoría de la producción de salazones tuvo como destino principal el Levante español (el transporte se hacía casi siempre por mar).

[...] El pescado se descabezaba y evisceraba manualmente, unidad por unidad; después se introducían las sardinas en pilas o lagares llenos de sal durante 24 horas para, después, ser introducidas en barriles y separados en filas por buenos puñados de sal con el fin de que no se tocasen, comercializándose sin prensar. Al no extraerse la grasa la sardina era una mercancía perecedera porque en contacto con el aire se oxidaba pronto tomando un color amarillento. [...]

Además de la transformación de pescado, en estas fábricas se llevaba a cabo la construcción de toneles de madera.

En cuanto a la forma de las fábricas, era necesario que tuvieran una determinada arquitectura, con espacios amplios y despejados para realizar el trabajo y almacenar la producción. Las principales partes eran la zona de producción (con los lagares y las prensas), los depósitos de grasa, los almacenes de sal, el taller de carpintería y una zona para el tratamiento de redes.

En cuanto a la organización del trabajo, es destacable que las mujeres se incorporaron masívamente a esta actividad porque era una de las pocas salidas laborales que ofrecía el mercado regional (una fábrica de tamaño medio solía ocupar en torno a 20 mujeres, oscilando el número de hombres entre 4 y 8)."

El naufragio del Drácula.

En una tarde aciaga de agosto del año 1957, un grupo de jóvenes veraneantes zarparon en un balandro llamado "Drácula" desde la playa de Covas con el objeto de dar una vuelta bordeando la costa.

Cruz sobre los acantilados de San Román, en recuerdo de los náufragos del "Drácula".

La navegación por la ría de Viveiro era plácida en una mar en calma, pero saliendo ya fuera, a la altura de O Vicedo, se agitó más, dando fuertes bandazos a la embarcación. El patrón quizá maniobrara de modo imprudente al adentrarse en las rompientes para salvar los golpes de mar, el caso es que la fuerte brisa hace volcar la embarcación, cayendo al mar todos los que iban en cubierta. Algunos no sabían nadar y otros, por cogerles dentro de la cabina o bajo el barco no pudieron salir a la superficie.

Dos mujeres y una pareja consiguen llegar a nado a la playa de San Román tres horas después, extenuados por el esfuerzo realizado. Los naúfragos dieron la señal de alarma, saliendo en busca de posibles supervivientes todas las embarcaciones del puerto, que resultó infructuosa.

Al final, el mar se cobró la vida de una mujer y tres hombres, cuyos nombres aparecen inscritos en la cruz que se levanta sobre los acantilados de la playa de San Román. En ella se ruega una oración por el alma de los desgraciados y queda como testimonio de la zozobra del "Drácula".

Fuentes:

Hemeroteca ABC. (1957, 8 de agosto). Un muerto y tres desaparecidos al naufragar un balandro en la costa de Lugo. ABC, p. 37, edición de la mañana. Disponible en línea: http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1957/08/07/037.html

Mosquera, P. Senderos para el viajero. Os Aventados. 2009.